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Día internacional de la mujer.
Día
internacional de la mujer.
Una reflexión sobre la violencia económica y laboral
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Diana Kiss de Alejandro
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La conmemoración del Día Internacional
de la Mujer es anualmente la ocasión para hacer un llamado de atención
a las inequidades, transgresiones y violaciones de los derechos humanos de
las mujeres y las niñas en todo el mundo. Este día fue declarado
por las Naciones Unidas en recuerdo de un hecho trágico: la muerte de
obreras norteamericanas que luchaban por sus derechos laborales, lo que ocurrió el
25 de marzo de 1911, pero también el reconocimiento a los movimientos
de mujeres por la paz y por la lucha de sus derechos políticos.
Sin
embargo la historia de esta fecha se remonta a algunos años antes:
el 28 de febrero de 1909 el Partido Socialista de los Estados Unidos publica
una declaración para celebrar el primer Día Nacional de la Mujer.
En el año 1910 la Internacional Socialista proclamó el Día
de la Mujer, con un carácter internacional como homenaje al movimiento
en favor de los derechos de la mujer y para ayudar a conseguir el sufragio
femenino universal. La propuesta fue aprobada unánimemente por la conferencia
de más de 100 mujeres procedentes de 17 países, de tal modo que
el Día Internacional de la Mujer se celebró por primera vez el
19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, con mítines
a los que asistieron más de 1 millón de mujeres y hombres, donde
se exigió además, del derecho al voto y a ocupar cargos públicos,
el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación
laboral.
Menos de una semana después, el 25 de marzo, se produjo el incendio en
la fábrica textil, suceso que tuvo grandes repercusiones en la legislación
laboral de los Estados Unidos, y en las conmemoraciones posteriores del Día
Internacional de la Mujer donde se hace referencia a las condiciones laborales
que condujeron al desastre.
Desde esos primeros
años hasta la fecha, este día ha adquirido
una nueva dimensión mundial para las mujeres de los países desarrollados
y en desarrollo. El creciente movimiento internacional de mujeres, reforzado
por las Naciones Unidas a través de la celebración de Cuatro
Conferencias Mundiales que han posicionado el debate sobre los derechos humanos
y la no discriminación, han contribuido a que esta conmemoración
sea un punto de convergencia de las más diversas organizaciones sociales,
políticas y culturales que trabajan en favor de los derechos de la mujer
y su participación en la vida política y económica.
El
Día Internacional de la Mujer es cada vez más una ocasión
para reflexionar sobre los avances conseguidos, exigir cambios y celebrar los
actos de valor y decisión de mujeres que han desempeñado una
función extraordinaria en la historia de la defensa de sus derechos.
Este
año, las Naciones Unidas nuevamente hace un llamado de atención
sobre la violencia contra la mujer y las niñas. El mensaje del Secretario
General de las Naciones Unidas, Baan Ki Monn, invita a las diversas organizaciones
mundiales a emprender acciones concretas para eliminar la violencia contra
las mujeres, sin embargo, el contexto internacional de incertidumbre económica
que ha golpeado fuertemente las fuentes laborales y los ingresos de las familias,
nos obliga nuevamente a repensar las condiciones laborales de las mujeres,
y entender la situación de violencia también desde la perspectiva
económica y laboral. La violencia que parecen hoy en día las
mujeres de todo el planeta no se reduce a la violencia física o psicológica
al interior del núcleo familiar, la violencia, por el contrario, tiene
mil rostros y uno de ellos son precisamente las desigualdades laborales y los
escenarios que se construyen en los momentos de crisis, donde las mujeres son
las primeras “damnificadas” de las catástrofes económicas
que vive este modelo globalizado.
Frente a tal contexto,
el Programa de Estudios de Género de la Universidad
de Los Lagos ha considerado necesario que en 2009 centremos nuestra reflexión
en las desigualdades laborales, tanto aquellas que aquejan a las obreras,
a las trabajadoras, a las jefas de hogar, a las profesionales.
Al
ser una entidad académica, debo hacer un llamado de atención
a lo que ocurre en instituciones como las nuestras. Los datos empíricos
de diversas investigaciones en Latinoamérica, e incluso Europa, nos
demuestran las inequidades vigentes en el sistema de educación superior,
donde las académicas somos el grupo más vulnerable de los equipos
docentes, somos resultado palpable de patrones culturales androcéntricos
que son fielmente reflejados en las estructuras académicas que rigen
a nuestras de nuestas Casas de Estudios, que hasta la fecha han sido incapaces
de entender las realidades culturales diferentes entre hombres y mujeres. Seguramente
los ajustes económicos que deberán realizar nuestras universidades
como resultado de las crisis políticas y financieras del actual modelo
tendrán como acción inmediata la desvinculación de académicas
y funcionarias, pues somos nosotras quienes constituímos el grupo más
frágil de las instituciones, las que no contamos, muchas veces, con
las certificaciones suficientes para ascender en la carrera académica
o en el escalafón administrativo, pues somos quienes asumimos las mayores
cargas laborales, las que tenemos lagunas en la carrera profesional al dedicarnos
a la crianza de los hijos, quienes reemplazamos a quienes salen a postgraduarse
o capacitarse postergando nuestro propio perfeccionamiento, las que recibimos
una menor remuneración que nuestros colegas varones ante igual jerarquía
y/o función, las que no tenemos los méritos suficientes para
desempeñar representaciones académicas de prestigio y nos quedamos
en los cargos administrativo-docentes de mayor trabajo, menor incentivo y menor
influencia en las decisiones estratégicas de la institución.
Somos las mujeres las que mayoritariamente no estamos en la planta, es decir,
quienes tenemos la relación contractual más débil, a
contrata con renovaciones anuales o derechamente con contratos a honorarios.
En
el Día Internacional de la Mujer, como Programa de Estudios de Género
hemos hecho un llamado de atención a lo que ocurre a nivel local y regional,
donde el índice de desempleo amenaza con emprender el ascenso, y donde
las mujeres son las que engrosan las cifras, pero también queremos recordar
lo que ocurre en la propia historia, el apoyo al empleo femenino es altarmente
rentable, no sólo por el retorno de capital, sino por las buenas prácticas
laborales que promueven ambientes laborales más equitativos, humanamente
más sanos y altamente productivos.