<%@LANGUAGE="JAVASCRIPT" CODEPAGE="1252"%> El Ingreso de Chile a la OCDE

EL INGRESO DE CHILE A LA OCDE

Edaurdo Castro Ríos

“Nos invitan a jugar en primera división”

Con esta expresión casi deportiva el Ministro de Relaciones Exteriores, Alejandro Foxley, dio a conocer que Chile fue invitado a incorporarse a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), instancia en la cual ya participaba en calidad de país observador.

La OCDE fue creada a comienzos de la década del 60 por los países más industrializados de entonces con la finalidad de coordinar iniciativas de estudio, orientación y recomendación sobre temas económicos, sociales y medioambientales, propósitos ya establecidos en la Convención del 14 de diciembre de 1960 que dio vida a la entidad.

En la actualidad treinta naciones integran el referente, entre las cuales están, Alemania, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Corea, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Hungría, Irlanda, Islandia, Italia, Japón, Luxemburgo, México, Noruega, Nueva Zelanda, Polonia, Portugal, Reino Unido, República Checa, República Eslovaca, Suecia, Suiza y Turquía.

¿Por qué razones fue invitado el país a incorporarse a la OCDE? Sabemos que desde el Gobierno de Patricio Aylwin se iniciaron las gestiones para buscar esta adhesión, sin embargo, de acuerdo a los procedimientos regulares del organismo, Chile debía cumplir con cuatro requisitos elementales: economía de mercado, libre comercio, pluralismo democrático y defensa de los DD.HH., condiciones que, de unau otra forma, ya habían sido monitoreadas a través del último estudio que la Organización emitió sobre Chile en el año 2005.

En este informe se puso de relieve el eficiente desempeño de la economía, la gestión macroeconómica, la implementación de políticas dentro de un marco creíble y basado en reglas, las fortalezas de sus finanzas públicas y el proceso de reformas estructurales abierto a la virtualidad del crecimiento. Con estas condiciones objetivas el país se hizo merecedor a esta invitación, sin embargo, no debemos olvidar que en ese mismo informe la OCDE señalaba varios aspectos que Chile debe revisar, por ejemplo, la constatación de que la brecha de ingresos sigue siendo considerable en relación a los países de la OCDE. El principal desafío de las políticas en Chile, es, por tanto, elevar el potencial del crecimiento de la economía”.

Del mismo modo, ponía atención con respecto a la “débil inversión en investigación y desarrollo”, a la fragmentación del sistema de innovación, a los déficit en capital humano y a las dificultades en educación y capacitación.

Sin embargo, a pesar de estas limitaciones detectadas por el estudio, Chile con posterioridad al 2005 ha exhibido indicadores positivos de crecimiento en los que destaca el descenso del desempleo, un adecuado nivel de consumo, un buen superávit fiscal y una gran cantidad de reservas, gracias, en gran medida, al precio del cobre en el mercado internacional.

¿Qué espera la OCDE de Chile? Lo expresó textualmente su Secretario General, Angel Gurría, que el país sea “difusor” de buenas políticas y buenas prácticas en América del Sur y de acuerdo a ello actué como un elemento catalizador para comprender mejor a esta región.

¿Y qué gana Chile? Los países integrantes de la OCDE permanentemente se están evaluando en materias estratégicas del desarrollo y la calidad de vida, lo cual deriva en la implementación de buenas prácticas aplicables a las áreas económicas, sociales, políticas, entre otras, de tal modo que con mayor información se pueda responder adecuadamente, tanto a los problemas tradicionales del crecimiento como a aquellos emergentes del país.

Coincidentemente el mensaje de la Presidenta Michelle Bachelet, en su cuenta a la nación ha señalado desafíos convergentes con la OCDE en materia económica, de protección social, calidad de vida, innovación y democracia.

Siguiendo al Ministro Foxley y concordando con los desafíos del mensaje Presidencial y el acceso a la OCDE, entrar a jugar a las ligas mayores no debería ser para quedarnos en la banca de reservas, sino para entrar al terreno de juego con la férrea voluntad de meter los goles suficientes que nos permitan derrotar a un adversario persistente y sin conciencia de fair play, como lo ha sido históricamente la pobreza, la falta de oportunidad y la discriminación.