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POLITICA ECONOMICA PARA ENFRENTAR LA CRISIS FINANCIERA Y CONTRARESTAR LOS IMPACTOS DE LA RECESIÓN MUNDIAL |
Jorge Weil Parodi |
Las altas tasas de interés de la política monetaria del Banco Central y las incertidumbres del los efectos de las crisis financiera constituyen dos elementos angulares del frenazo del consumo y la producción de la economía chilena que amenazan con un crecimiento de la tasa de desocupación laboral en los próximos meses. Si a ello agregamos, las crecientes dificultades que van a experimentar los mercados de exportación, como resultado de la contracción económica en Estados Unidos, Europa y Asia, los impactos recesivos se encuentran ad portas. Con ello, el modelo de economía abierta, basado en la exportación de productos primarios será sometido a pruebas extremas que condicionarán su viabilidad futura.
El contexto de la crisis en Estados Unidos
La crisis inmobiliaria evolucionó a crisis hipotecaria y esta arrasó con los bancos de inversión para convertirse en crisis financiera y propagarse a todos los mercados. La posición dominante de la economía norteamericana y la acción de las empresas transnacionales en un mercado globalizado, han involucrado al conjunto del sistema financiero. El deterioro del patrimonio de los bancos ha comenzado a remecer la economía de los EEUU, Europa y Asia, que han incluído la caída de los rendimientos de las inversiones de las AFP chilenas y los ahorros del Estado.
Los Bancos Centrales de países industriales han inyectado millones de dólares para acrecentar la liquidez monetaria y sacar a los agentes de la parálisis financiera, para así atenuar la caída del sistema financiero. Los préstamos interbancarios y las garantías se encuentran paralizadas para evitar los riesgos de adquirir documentos financieros irrecuperables. El modelo liberal se ha apresurado a socializar las pérdidas de las insolvencias bancarias con una intervención de los bancos centrales y la inyección de liquidez monetaria a costa de los impuestos de los ciudadanos de todo el mundo.
Estamos frente a una crisis financiera profunda y compleja, que cuestiona frontalmente el monetarismo de Milton Friedman, los chicagos boys y las políticas oficiales de Fondo Monetario y el Banco Mundial. Al tenor de esta crisis, nadie podrá evocar en el futuro, que se pueden dejar fluctuar libremente las tendencias de la oferta y demanda del mercado en construcción inmobiliaria, los créditos hipotecarios y los bancos de inversión en EEUU, para sugerir que estos mercados se equilibran y se corrigen por sí solos, para encontrar los óptimos de cada nivel en finanzas, producción y consumo. Nadie podrá sustentar que el Estado no tiene que regular la economía, si estamos frente a la intervención financiera más grande de todos los tiempos en favor de la empresa privada que se desarrolla en el oráculo mismo del capitalismo como son Nueva York, Londres y Tokio. “Se han privatizado las ganancias y socializado las pérdidas”. La crisis liberal en economía abierta y globalizada ha sido remplazada de un borrón por el “Estado regulador de los mercados en función del interés general del sistema económico y financiero para salvar los ahorros de los particulares y empresas”. Ha quedado en evidencia que no hay eficacia del liberalismo económico en Chile, ni en Estados Unidos, ni en Europa, ni en Asia.
Las consecuencias de la crisis y el inicio de la recesión mundial
En Chile la desconfianza y el temor de la crisis financiera nos remontan a la quiebra del sistema bancario nacional del los años 1982, que se desencadenará a partir del término de la paridad cambiaria de un dólar a 39 pesos. Esta crisis trajo elevadas secuelas sociales con un alto desempleo, la caída de la producción y el quiebre del sistema bancario y financiero. Estas situaciones conducen a un comportamiento de atesoramiento entre los agentes financieros. En la actualidad, la banca comercial eleva las tasas de interés, aumenta las exigencias de garantías para otorgar préstamos y restringe el crédito afectando la liquidez monetaria. El crédito al consumo cae por quinto mes consecutivo, al igual que el sector inmobiliario en el último trimestre. Esta contracción de la demanda interna comienza a afectar la producción nacional. Por su parte, la reducción del ritmo de crecimiento de la economía mundial ha impactado ya los precios de las materias primas exportables de origen minero y agrícola. En los próximos meses, el comercio mundial sufrirá el ajuste de sus mercados con la consiguiente disminución de los flujos de exportación. Cada economía nacional incrementará las trabas arancelarias de sus respectivos mercados. Los precios de las materias primas y recursos naturales continuarán bajando con un grave deterioro de los términos de intercambio que afectará la competitividad nacional y los ingresos del comercio exterior. El dólar continuará sufriendo presiones al alza de precio frente a la búsqueda frenética de liquidez por parte de los agentes para enfrentar la crisis, al igual que los bonos soberanos y las monedas refugio, como el oro. A largo plazo, el dólar se depreciará frente a las otras monedas debido a los enormes desequilibrios de la deuda externa y déficit presupuestario de los Estados Unidos. En Chile y a mediano plazo, la inflación dejará paso a la deflación debido a la reducción brusca de los precios del petróleo y materias primas e insumos productivos.
La crisis del modelo económico y la política monetarista
La política monetaria del Banco Central ha conducido a elevar las tasas de interés, centrando su acción en el combate a una inflación reflejada en un IPC de un 9,3% en los últimos 12 meses. Sin embargo, la inflación es el resultado de factores externos inducidos por el alto costo del precio de la energía importada y que incide en todos los sectores de la economía. Ella actúa con un efecto multiplicador causando una distorsión en la fórmula estadística sobre la cual se calcula la canasta del IPC. La FED (Banco Central de EEUU) reduce aceleradamente las tasas de interés a un 2%, desde el mes de marzo 2008, para contrarrestar la disminución de la liquidez monetaria. En sentido contrario, el Banco Central de Chile continuó elevando las tasas de interés en los últimos 12 meses presionando con ello al alza, tanto el crédito al consumo como a la producción a cifras superiores al 8%. Con ello, la política monetaria ha acelerado la llegada de los impactos de la crisis financiera internacional al territorio y sin duda contribuirá a que ella sea más profunda de lo que se hubiera podido preveer.
Si comparamos las crisis mundiales, en Estados Unidos, la oferta monetaria cayó drásticamente en un 25% entre 1929 y 1933 debido a la oleada de quiebras bancarias ocurridas en1930-31. Ello acentuó la recesión. Los ciudadanos perdieron la fe en las instituciones bancarias retirando sus depósitos y manteniéndolos atesorados en sus casas. Los bancos sobrevivientes guardaban liquidez frente la incertidumbre de las amenazas, en vez de favorecer el otorgamiento de préstamos a las empresas y los particulares.
En Chile, la equivocada visión del Ministerio de Hacienda configura la antesala de una inadecuada respuesta a la situación actual. Si bien el Estado tiene atesorado ahorros importantes, hoy día estamos frente a la reducción de la actividad de la economía privada. La política económica oficial mantiene elevada las tasas de interés, limita el gasto fiscal en el presupuesto 2009 yle otorga crédito a la banca comercial con el fin de asegurarla. Esta última restringe los créditos y préstamos a particulares y empresas, utilizando la liquidez para refinanciarse. Finalmente, los ciudadanos comienzan a retirar y/o reducir el efectivo de sus depósitos en los bancos y a limitar su consumo.
La política económica nacional requiere de un cambio radical, con la intervención anticíclica de carácter keynesiano parte del Estado, el desarrollo y avance de las obras públicas, el aumento del gasto fiscal y el estímulo de la economía social para contrarrestar la paralización de los mercados privados.
La crisis actual va a exigir de parte de las empresas y los bancos una frenética búsqueda de liquidez para asegurar sus negocios principales en el centro del capitalismo renunciando o reduciendo su actividad en la periferia del sistema. Lo anterior, con el fin de proteger sus actividades principales de las turbulencias de la crisis. La venta de activos y repatriación de capital repercutirá en una disminución del flujo de ingreso de las inversiones extranjeras en Chile. En forma paralela, las restricciones en el acceso a los mercados internacionales, un aumento del proteccionismo y la caída de los precios amenazarán el equilibrio de la balanza comercial. Si bien ha habido en los últimos años, una diversificación y ampliación de los mercados externos para nuestras materias primas y productos, este se verá frenado en los próximos meses. El crecimiento económico chileno hacia fuera, basado en una dinámica primaria exportadora sufrirá una reducción en volumen, con la consiguiente crisis de un segmento de las empresas que realizan sus ganancias en el exterior. La crisis financiera internacional comenzará a sentirse progresivamente y en forma diversificada en las regiones y sectores de la economía real, según la magnitud de las dificultades de los mercados de destino de las exportaciones chilenas.
Pilares de una política económica anticrisis
Estamos al inicio de la primera gran crisis de la era postindustrial globalizada y ella no dejará inerte al modelo económico extravertido chileno en el cual, un 87% de las exportaciones son realizadas por empresas de 47 grupos económicos. Los impactos de la crisis no solo reestructurarán la riqueza y repartirán nuevas posiciones como resultado de un nuevo ciclo de concentración y centralización del capital, sino que también nuevas visiones y alternativas se harán presentes para reivindicar el recentraje de la economía y una mayor valorización del mercado interno. En ella, la necesidad de alinear los recursos productivos locales en favor del consumo y la satisfacción de las necesidades humanas de la población, se planteará como alternativa a la distorsión del modelo exportador actual. La movilización social empujará a un distanciamiento de los “supuestos” beneficios del proceso de globalización. El desarrollo económico y social endógeno con un mayor valor agregado de la producción se opondrá fuertemente a la especialización primaria a ultranzas para la exportación. La integración regional y la complementariedad comercial, productiva y financiera entre las economías latinoamericanas adquirirán nuevos bríos. Los organismos económicos de integración multilateral se potenciarán con una mayor intervención y regulación del Estado en favor del interés de las mayorías locales. La economía será interpelada en el terreno social con la movilización sindical y las iniciativas de los movimientos antisistémicos y la recomposición política.
La nueva política económica anticrisis requiere de un conjunto de medidas que preparen las condiciones para mantener un dinamismo económico interno considerando una reducción de la actividad de las empresas de exportación. Estas deberían contemplar:
En definitiva, una política económica anticíclica, en la cual el Estado interviene enfavor de un dinamismo productivo y social, con el objetivo de contrarrestar la caída de la producción privada para la exportación y la disminución del empleo.
30 de octubre del 2008.