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El papel de los centros psicosociales universitarios en los procesos de superación de la catástrofe y de la crisis humanitaria en Haití. “La caducidad de la verdad no obedece al capricho del método, obedece a una razón ontológica”. |
Por: María Victoria Medina decano.psicosocial@uan.edu.co |
El pasado 12 de enero, después de las cuatro de la tarde, una catástrofe natural se produjo en la República de Haití. Súbitamente se alteraron los patrones cotidianos de vida, y la gente se vio sumida entre el desamparo y el sufrimiento.
Las impactantes imágenes de la población, después del terremoto, suscitan dolor en el mundo entero pero a la vez convocan a la solidaridad con esta nación. Podría calificarse y sin llegar a exagerar, de infinita, la generosidad del planeta, al socorrer rápidamente a una población que lo necesita “todo”. Como resultado de esto, a la isla han llegado víveres, agua, ropa, asistencia médica y de enfermería, equipos de rescate… y aunque la ayuda es mayúscula, no es suficiente.
Aunque en el mundo ocurren diversos eventos catastróficos que pueden diferir geográficamente, existe similitud en el impacto que dejan en las poblaciones, sin embargo, lo sucedido en Haití parece tener otras tonalidades que hace más grande, y más grave, la tragedia.
Esas tonalidades tienen que ver con un complejo sistemabiopsicosociocultural político, económico, espiritual y trascendente que inmoviliza a un buen porcentaje de la población, que ha sido instituido y aceptado durante más de cien años. Como consecuencia de ello, Haití es el país más pobre del hemisferio occidental.
En la pasada Cumbre por Haití, efectuada en Montreal, representantes de algunos gobiernos expresaron un compromiso por la “reconstrucción” del país: viviendas, vías, escuelas pero ¿esto será suficiente?, ¿qué será de las personas cuando el paternalismo de las naciones se acabe y ya no haya más subsidios?, ¿dónde queda la sustentabilidad y la sostenibilidad de la sociedad, de las familias, de las personas?, ¿qué se necesita realmente?, ¿qué podemos hacer?, ¿qué motivación debe orientar el trabajo por hacer, la desesperación o la aspiración?
Si es la desesperación, las soluciones a proponer tendrán un carácter puntual e inmediatista: agua, víveres, carpas para protegerlos del clima y enterrar lo muertos. Si la motivación es la aspiración, la construcción de un proyecto de vida y de un horizonte sostenible y sustentable, harán que las soluciones tengan un carácter sistémico, complejo, holístico y a largo plazo, partirán de un análisis multidimensional de la situación actual y las interrelaciones entre las diferentes dimensiones donde estén incluidos los hombres y mujeres haitianos, sin distinción de clases sociales, credos políticos o religiosos para que se apropien de los proyectos, para que generen pasión y constancia en la construcción de futuros.
Preguntas como las anteriores generaron hace 16 años una reflexión y un proceso investigativo dentro de un grupo de académicos de la Universidad Antonio Nariño de Colombia, cuya búsqueda se focalizó en construir otra forma de leer, analizar, interpretar, comprender y actuar sobre las realidades complejas de las poblaciones víctimas de eventos catastróficos producidos por el hombre o la naturaleza, desde el reconocimiento del ser humano como un sujeto multidimensional, con potencial, capaz de auto proyectarse y trascender.
Esta búsqueda ha permitido crear, entre otros, el Centro de Estudios Psicosociales (CEP), cuyo propósito apunta de manera general, a generar conocimientos alrededor del concepto de lo psicosocial, particularmente frente al impacto de un evento catastrófico en una población determinada.
Lo anterior, es lo que se denomina problema psicosocial y a través del CEP se diseñan las formas de actuar con el objeto de transformar las realidades resultantes. Es decir, ir más allá de la ayuda humanitaria para pensar en el trabajo del día después, esto implica un cambio paradigmático de lo patológico y asistencialista, por otro basado en el empoderamiento, la autonomía y las potencialidades.
El llamado entonces a las comunidades académicas que hayan tenido la misma inquietud, consiste en generar organizaciones o centros de estudio para orientar la investigación in situ de la realidad humana, desde la perspectiva psicosocial, es decir “la visión integradora del sujeto con los otros en un contexto complejo” cuando enfrenta un evento catastrófico, con el fin de proponer alternativas de atención e intervención psicosocial que los lleve a una reconstrucción y rehabilitación sustentable y sostenible.
Directora del Centro de Estudios Psicosociales, Universidad Antonio Nariño, Bogotá, Colombia. Centro patrocinado por la Red de Universidades Regionales Latinoamericanas, Red UREL